El futuro laboral estará encaminado a la gestión de la inteligencia emocional

En un futuro no muy lejano la robótica entrará con más fuerza y la única forma de superar sus avances técnicos por parte de las personas es disponer de una buena gestión de la inteligencia emocional.

En el estudio de la inteligencia emocional también se habla de las habilidades blandas o emocionales. Estas habilidades podrían reforzar aquellos empleos existentes e incluso crear nuevas tipologías profesionales.

Dentro de las muchas competencias que puede tener un profesional debe integrarse la gestión de las emociones, tanto a la hora de coordinar equipos de trabajo como para enfrentarse a un público que cada vez es más exigente.

La inteligencia emocional se desarrolla principalmente para gestionar dos situaciones: la primera es agradar a un público externo (clientes, pacientes, etc.) y el segundo es para gestionar inquietudes y malestares del propio trabajador.

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Si no te has dado cuenta aún, estamos hablando de la empatía, que es la base de la inteligencia emocional. El profesional debe conocer cuál es el fondo real que ha llevado a situaciones conflictivas entre las personas y poder lidiar ante ello. Además, ante un malentendido, el cliente siempre empatizará más fácilmente con el trabajador que gestiona correctamente las emociones. Comprender emociones ajenas supone un esfuerzo que todavía cuesta mucho superar a gran parte de la población mundial.

Por lo tanto, a la hora de diseñar puestos de trabajo y tener en cuenta las emociones, debe configurarse de forma especial, debido a que podemos gastar mucho esfuerzo y tiempo en aspectos intangibles y poco medibles. Actualmente en muchos trabajos y sectores se trabaja a destajo y se rompe la tranquilidad y sosiego de las personas. Por este motivo es importante gestionar la inteligencia emocional diariamente.

Inteligencia emocional aplicada a cualquier sector

Hablemos de cómo integrar la inteligencia emocional en varios sectores.

Por ahora (y no sabemos hasta cuándo), en la escuela siempre nos han enseñado matemáticas, lengua, historia y un sinfín de asignaturas que darán lugar a nuestra inteligencia para desempeñar puestos laborales, entre otras cuestiones. Sin embargo, no nos enseñan a manejar situaciones como el estrés, la frustración, el egoísmo, la ira, entre otras. Podría ocurrir que en un futuro se comience a enseñar cómo manejar correctamente estas cuestiones, y por tanto y a modo de ejemplo, un conductor de autobuses podría empatizar mejor con las personas, ser agradable y decir buenos días a todo aquél que se suba al autobús. O aquellos enfermeros que cuidan constantemente de las personas. En definitiva, cualquier sector en el que se vea involucrado un capital humano podría apostar por la inteligencia emocional de sus empleados.

En definitiva, es posible que gracias a la llegada de una tecnología robótica pueda aflorar una relación más esperanzadora entre las personas.

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